Alessandro: Jugando a la seducción

Alessandro Jugando a la seducción Aitor Ferrer

 Sinopsis

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Pasar el día rodeado de top models puede suponer una tentación para cualquier mortal. Pero si cuando naciste traías impreso el sello de seductor, esquivar los encantos de esas diosas de la pasarela se convierte en una especie de misión imposible.

Alessandro es un estupendo ejemplar de seductor nato, hasta que la llegada de Grace a su agencia le hace plantearse apostar por una mujer que parece ser única en su especie. Por ella está dispuesto a decir “bye” a su trayectoria de soltero de oro. Otra cosa es que la pérfida Alabama, hasta entonces su musa, no vaya a mover ficha. Él ha estado demasiadas veces en sus brazos para servírselo en bandeja a la que considera una mosquita muerta.

No te pierdas esta divertida guerra de hostiles desfiles, vertiginosas curvas y descarados desplantes.

Leer el Primer Capítulo:

—¡Tiger, vuelve! Que te veo venir y me pones de los nervios, anda. Y con respecto a lo que
dices de ella, eso espero, porque reconozco que le tengo ganas desde el día que la vi.
—Como para no reconocerlo, ¡a mí me la vas a dar! Y no solo eso, ladrón, te estás
encoñando…

—Pesadito eres, amigo. ¿Desde cuándo soy de encoñamientos? Tú sabes que creo que la
monogamia no está hecha para mí, ¿salimos a fumar?
Tomando el aire en la calle dimos un paseo de unos minutos, necesitaba despejarme. Cierto
que las firmas se estaban partiendo la cara por Grace y teníamos mucho que decidir al respecto.
—De todos modos, una cosa te digo, amigo—me sugirió.

—Venga, dispara ya—sabía que tenía un run run en la cabeza.
—No la cagues con ella. Ándate con pies de plomo, Grace es un diamante al que vamos a
pulir hasta convertirla en un verdadero filón y si la utilizas y se termina cabreando, al final nos
puede mandar a paseo. Y ahí es donde entro yo para cogerte por el cuello, que ya habré hecho un
trabajo acojonante con ella.

—Tranquilo, ¿tan mentecato me ves? —di una calada y pensé que el tiempo iría diciendo si
nos acostaríamos una vez o se convertiría en rutina, como con Alabama.
—¿En cuestiones de cama? Para matarte, simplemente para matarte…
—Bueno es saberlo—pasé de su respuesta—. ¿Y tú, tienes planes de fin de semana?
—Veo a Matt esta noche, mañana tiene fiesta con su familia política. Su suegra cumple años y
no hay manera de esquivarlo, tú me entiendes.

—Perfectamente. ¿Y tú lo entiendes? —quise recalcarle que aquello era un marrón.
—No empieces, es muy pronto. No puedo atosigarlo, necesita tiempo para mover ficha—la
mejor defensa, un buen ataque.

—Pues espero que en esa partida no te den jaque mate un día, amigo.
—¡Cenizo, que eres muy cenizo! —seguía diciendo a mis espaldas cuando volvimos a entrar
en la agencia.
Al verla salir de su portal el sábado por la noche, me costó disimular que me había quedado
sin habla. Sus poderosas piernas, que parecían dos columnas, avanzaban hacia mí con paso firme,
como prolegómeno de unas caderas que parecían haber sido trazadas sobre un lienzo. La belleza
fresca y serena de su rostro fue el último de los obsequios que percibí cuando Grace abrió la
puerta del coche.

—¿Va en serio, eres real, ni un prototipo ni nada parecido? —pellizqué su brazo en señal de
broma y fue entonces cuando me percaté de la inigualable suavidad de una piel con la que me
moría por fundirme.
—Totalmente real, ya lo sabes, y te vas a librar de que conduzca porque llevo unos taconazos
de vértigo—me enseñó aquellas sandalias que denotaban estilo a cada paso.
—¿Esto va a ser siempre así? —pregunté haciendo rugir el motor.
—Si no me tentaras con estos motores…—se refirió a mis coches.
—Pues mira que no es con eso precisamente con lo que quiero tentarte—no perdí la
oportunidad de lanzarme.

—Pero es que su potencia es casi irresistible—volvía a jugar conmigo, con una cadencia
arrebatadora en la voz.
—No son mis coches lo único potente que tengo—bromeé.

—Bueno, yo solo hablo de lo que conozco, lo demás está por ver—subió un poco el volumen
de la música y empezó a bailar.
Joven, viva y descarada. Así me parecía una Grace que ocupaba con salero el asiento del
copiloto y que me atraía cada vez más. De por mí, habría aparcado el coche y la hubiera poseído
allí mismo, de una manera salvaje, resolviendo aquella tensión sexual que estaba adquiriendo
dimensiones épicas entre nosotros.

—¿Sabes que hoy no vas a tener ningún árbol, gafas ni gorra detrás de los que esconderte? —
quería que fuera consciente de que era muy posible que la prensa estuviera al acecho.
—Intentaré hacerme a la idea—rio y siguió cantando.
—Si lo prefieres, podemos ir a mi ático. Podrían prepararnos algo de cena y estarías a salvo
de las cámaras—sugerí.

—Prefiero a las cámaras, en tu ático no estaría a salvo de ti—tiró a matar.
—Como quiera la señorita, no hay nada más que hablar entonces—reí pensando en que la
diplomacia no era lo suyo, al menos conmigo.
—A no ser que seas tú quien tema que la prensa nos vea juntos, que nunca se sabe—ahí venía
nuevamente con su tercer grado.

—Créeme que no. En todo caso, si alguno de tus fans me da matarile por celos, la culpa habrá
sido tuya y en tu conciencia caerá—bromeé.
—Menos lobos, Caperucita—volteó los ojos.

Ficha Técnica

Título: Alessandro: Jugando a la seducción
Autores: Aitor Ferrer
Editorial: HARPERCOLLINS
Fecha: 14 abr 2020
Tamaño: 0.70MB
Idiomas: Español
Literatura: Libros de amor
Páginas: 452

Isbn: 9843563245656

Formato: epub y pdf

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