Libro Buscando a Alaska [PDF] [EPUB]

 Sinopsis

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Antes: Miles ve cómo su vida transcurre sin emoción alguna. Su obsesión con memorizar las últimas palabras de personajes ilustres lo lleva a querer encontrar su Gran Quizá (como dijo François Rabelais justo antes de morir). Decide mudarse a Culver Creek, un internado fuera de lo común, donde disfrutará por primera vez de la libertad y conocerá a Alaska Young. La preciosa, descarada, fascinante y autodestructiva Alaska arrastrará a Miles a su mundo, lo empujará hacia el Gran Quizá y le robará el corazón…

Leer el Primer Capítulo:

Me dijo esto mientras hurgaba en su bolsa de lona y lanzaba ropa en los
cajones con total descuido. Chip no creía necesario tener un cajón para
calcetines o un cajón para camisetas. Creía que todos los cajones habían sido
creados iguales y llenaba cada uno con lo que le cupiera. Mi mamá se hubiera
muerto.
En cuanto hubo terminado de « desempacar» , Chip me golpeó duro en el
hombro.
—Espero que seas más fuerte de lo que pareces —dijo saliendo por la puerta,
que dejó abierta. Se volvió unos segundos después y me vio allí, de pie, inmóvil
—. Bueno, vamos Miles de millas, que hay que avanzar Halter. Tenemos mucho
quehacer.

Llegamos al salón de TV, el cual, según Chip, tenía la única televisión con
cable de la escuela. Durante el verano, servía de unidad de almacenaje. Atestada
casi hasta el techo con sofás, refrigeradores y tapetes enrollados, en el salón de
TV pululaban chicos tratando de encontrar y acarrear sus cosas. Chip saludó a
algunas personas pero no me las presentó. Mientras deambulaba por el laberinto
apilado de sofás, yo permanecía cerca de la entrada, tratando de no bloquear a
los pares de compañeros de cuarto en lo que maniobraban para sacar los
muebles por la estrecha puerta principal.

Le llevó diez minutos a Chip encontrar sus cosas, más otra hora en lo que
fuimos y venimos cuatro veces alrededor del círculo de dormitorios, entre el
salón de TV y la habitación 43. Para cuando terminamos, y o quería meterme en
el minirrefri de Chip y dormir mil años, pero Chip parecía inmune tanto a la
fatiga como a la insolación. Me senté en su sofá.
—Lo encontré tirado en una cuneta de mi vecindario hace un par de años —
dijo del sofá, conforme trabajaba para montar mi PlayStation 2 encima de su
baúl de efectos personales—. Reconozco que la piel tiene algunas grietas, pero no
manchas. Es un sofá de poca madre —la piel tenía más que algunas grietas, era
como treinta por ciento piel de mentiras color azul cielo y setenta por ciento hule
espuma, pero a mi parecer se sentía bastante bien.

—Está bien, ya casi terminamos —se acercó a su escritorio y sacó un rollo
de cinta de embalaje de un cajón—. Sólo necesitamos tu baúl.
Me levanté, saqué el baúl de debajo de la cama y Chip lo situó entre el sofá y
el PlayStation 2, y empezó a rasgar tiras delgadas de cinta de embalaje. Las
pegó en el baúl de manera que se ley era MESA PARA CAFÉ.
—He ahí —dijo. Se sentó y colocó los pies sobre la, eh, mesa para café—.
Terminado.

Me senté junto a él, me miró y dijo de pronto:
—Escucha, yo no seré tu acceso a la vida social de Culver Creek.
—Ah, bueno —dije, pero podía oír cómo las palabras se atoraban en mi
garganta. ¿Acababa de cargar el sofá de este tipo bajo un sol blanco de tan
ardiente y ahora no le caía bien?

—Básicamente, tienes dos grupos aquí —explicó, hablando con una urgencia
creciente—. Tienes los internos regulares, como yo, y tienes los Guerreros
Semaneros; ellos están en internados aquí, pero todos son chicos ricos que viven
en Birmingham y se van a las mansiones con aire acondicionado de sus padres
todos los fines de semana. Son fresas. No me caen bien y y o tampoco a ellos, así
que si viniste aquí pensando que como eras la gran caca en la escuela pública lo
serás también aquí, lo mejor es que no te vean conmigo. Sí fuiste a una escuela
pública, ¿verdad?

—Eh… —balbuceé. Distraído, empecé a picar las grietas en la piel del sofá,
cavando con los dedos la blancura del hule espuma.
—Sí, claro que fuiste, porque si hubieras ido a una escuela privada tu
horrendo short te quedaría bien —rió.
Yo usaba el short justo debajo de la cadera y pensaba que se veía padre. Por
fin contesté:
—Sí, fui a una escuela pública. Pero no era una gran caca allí, Chip. Era una
caca regular.
—¡Ah! Eso es bueno. Y no me llames Chip. Llámame el Coronel.
Reprimí las ganas de reír.
—¿El Coronel?

—Sí, el Coronel. Y a ti te llamaremos… mmm. Gordo.
—¿Qué?
—Gordo —dijo el Coronel—. Porque estás delgado. Se le llama ironía,
Gordo. ¿Has oído hablar de ella? Ahora, vamos por cigarros y empecemos bien
este año.

Ficha Técnica

Título: Buscando a Alaska
Autores: John Green
Editorial: De conatus
Fecha: 03 may 2020
Tamaño: 2.15MB
Literatura: Libros juveniles
Páginas: 490

Isbn: 9023452156732

Formato: epub y pdf

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