Libro Cuánto azul Gratis en PDF, ePub

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Sinopsis

Descargar Cuánto azul de Percival Everett Es el tipo de libro que solo puede escribir un maestro. Christian Lorentzen.

Un afamado pintor de mediana edad nos cuenta cómo se ha librado del peso de un secreto que no le permitía vivir. Un secreto lleva a otro y a otro hasta que la comunicación con los más cercanos resulta imposible. El protagonista cuenta su viaje juvenil a El Salvador atravesado por la muerte y la violencia, un affair amoroso en París y su fracturada vida familiar en los Estados Unidos.

Una historia actual contada con una sencillez de lenguaje llamativa y que alcanza una gran profundidad.
Junto al secreto aparecen temas tan actuales como las diferencias sociales, los problemas de comunicación en la familia, el arte y la vida cotidiana, y, sobre todo, la necesidad de abandonar el desdoblamiento para tener una vida digna.

¿Nos damos cuenta de que las decisiones que tomamos están condicionadas por nuestros secretos?
Un libro en el que la amistad aparece al mismo nivel que el amor. ¿Qué podemos llegar a hacer por una amistad?

La acción transcurre en una vida cotidiana como la nuestra, aunque el protagonista-narrador sea un pintor afamado. De manera que leemos la historia con suma atención.
Desde el punto de vista ideológico, resulta muy interesante la salida de la ironía postmoderna del personaje hacia un deseo de vida más humanista.

Ficha
Título: Cuánto azul
Autores: Percival Everett
Editorial: De conatus
Fecha: 28 dic 2019
Tamaño: 0.80MB
Idiomas: Español
ISBN/ASIN: 9788417375195
Literatura: Libros juveniles
Páginas: 290
ASIN: B07NDFNPYH

Formato de la descarga: epub y pdf

Leer el primer capítulo:

También me gusta referirme a los colores por su nombre más que por medio de muestras. No
me gustan los diagramas que enseñan gradaciones de colores o de tonos. En las tiendas de pinturas
o de materiales artísticos tienen miles de esas ti-ras de muestra, destinadas a acabar en la basura.

No me dicen nada. Esos ejemplos, que nunca son modelos ni prototipos, no son más que simples
aproximaciones a cómo va a quedar la pintura sobre la tarima o el lienzo o en el papel o en la
madera o en las yemas de mis dedos. El amarillo transparente nunca es transparente sobre el retal.
Qué palabra. Retal. El amarillo indio podría ser perfectamente naranja cadmio. La aureolina a
veces podría ser titanato de níquel y a veces amarillo limón.

Los nombres, en cambio, son
precisos, carecen de ambigüedades; se podría decir incluso que son rígidos, fijos, inalterables,
ciertamente inelásticos. Esto no equivale a decir que las palabras no sean precisas, pero de hecho
los nombres sí lo son. Incluso cuando son incorrectos o se presentan por error. Un nombre nunca
yerra el tiro.

Debería señalar que yo considero que los nombres de los colores son nombres
propios, en el sentido de que no nos dan información sobre la cosa nombrada, sino que identifican
esa cosa específicamente. Igual que funciona para mí mi nombre, Kevin Pace. Seguramente hay
otros Kevin Pace en el mundo, pero no tenemos el mismo nombre. Quizá nuestros nombres tengan
el mismo nombre, pero el nombre de mi nombre no es un nombre propio.

Estas son mis pinturas, mis colores. Polvos mezclados con aceite de linaza. Esta es mi pintura,
colores sobre lino sin tratar. He usado mucho azul ítalo y azul de Prusia mezclado con añil. En la
esquina superior derecha hay cerúleo cambiando a cobalto, o quizá invadiendo el cobalto. Los
colores y sus nombres están en todas partes, sobre todas las cosas. Todos los colores significan
algo, aunque no sé el qué, y tampoco lo diría si lo supiera. Sus nombres son más descriptivos que
su presencia, ya que su presencia no necesita describir nada y de hecho no describe nada. Esta es
mi pintura. Vive en esta estructura que parece un establo para potros. Aquí no entra nadie más que
yo. Ni mi mujer. Ni mis hijos. Ni mi mejor amigo Richard.

Hay otro cobertizo en el que trabajo en otras pinturas. En él todo el mundo es bienvenido. Laspinturas están disponibles y al descubierto y esperando a ser valoradas, compradas y colgadas en
salas de estar o en vestíbulos de bancos. No me disgustan. Algunas son buenas. Otras no. Tampoco
me compete a mí juzgarlas, así que no lo haré. Esas pinturas son putas. Las reconozco y las
aprecio como tales. No es culpa suya y de hecho no me parece que el hecho en sí de ser una puta
tenga nada de malo. Realmente no le veo problema, si se hace bien y sin disculpas ni

calificaciones. ¿Y acaso esas pinturas a las que aludo con indiferencia aparente, por mucho que no
sea mi intención, tienen algún motivo recurrente? Quizá. Ni lo sé ni me importa. Me pregunto si
tienen elementos en común, de serie a serie y de lienzo a lienzo. Los expertos de tiempos por venir
discutirán sobre mis materiales, sobre mi técnica y sobre mi paleta. Me encantaría pensar que hay
una parte de mí que está presente de forma continuada en cada lienzo, pero a continuación me
pregunto qué importa; por qué, para mezclar metáforas, alguien necesita oír una y otra vez la
misma secuencia memorable de notas.

Cuanto azul – Percival Everett.epub
Cuanto azul – Percival Everett.pdf

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