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 Sinopsis

Descargar Frederica de Georgette Heyer
Frederica Merriville ha estado a cargo de sus hermanos menores desde hace tiempo. Tras la muerte de sus padres, ha asumido la tarea de asegurarse de que su hermosa hermana Charis se case bien, mientras que se considera a sí misma una solterona. Para conseguir este propósito, lleva a la familia, desde su casa en el campo, a Londres, y se pone en contacto con un familiar lejano, el egoísta e indolente marqués de Alverstoke, pidiéndole que patrocine a su hermana ante la alta sociedad y la posterior temporada.

El marqués al principio pone poco interés en la tarea, pero decide apoyarlas por hacerle una jugarreta a su hermana Louisa que le ha pedido una ayuda similar para presentar a su propia hija en la sociedad. En su baile conjunto de presentación, la sencilla sobrina de Alverstoke queda ensombrecida fácilmente por la belleza de Charis.

A todo el mundo le caen bien los Merriville, por sus maneras fáciles y atractivas y su buena educación. A Charis la admiran muchos jóvenes pero se enamora de Endymion Dauntry, el guapo pero estúpido primo del marqués. Frederica también consigue su propio círculo de admiradores, incluyendo (para gran asombro de él mismo) al propio Alverstoke.

A Alverstoke le fascinan sus modales sinceros y abiertos, a diferencia de lo que acostumbran las damas londinenses a la moda. También se siente encantado por la vivacidad de los dos jóvenes hermanos Merriville, Felix y Jessamy, y acaban gustándole por ellos mismos. Poco a poco, acaba profundamente enamorado de Frederica y está dispuesto a hacer cualquier cosa por ella.

Leer el Primer Capítulo:

cuando se puso a pontificar sobre aeronáutica. ¡Como si Felix no nos
hubiera aburrido bastante con el tema! Pero cuando se puso a echar una regañina a Felix, y a pedir
perdón a esos hombres por dejar que les diera la lata, supe que, si me quedaba, acabaríamos
discutiendo. ¡Así que me fui!

—¿Tú crees que les está dando la lata? —preguntó Frederica—. ¿Debería ir a buscarlo?
—No vendrá. Sobre todo ahora que el primo Buxted le ha ordenado que se vaya. Le ha dicho
que las personas que están haciendo cosas importantes no quieren que les molesten «los niños
pequeños». Y Felix se ha puesto hecho una furia, claro.

—Ha sido un comentario muy desafortunado —dijo Alverstoke con gravedad.
—¿A que usted nunca le llamaría «niño pequeño» a la cara?
—¡Desde luego que no! —dijo Eliza con los ojos brillantes—. Recuerdo perfectamente que
esta mañana le llamó vil y abominable granuja.
—¡Así es, señora! —dijo Jessamy—. Le importa un rábano que le llamen así, igual que no se
enfadó cuando le llamé asqueroso inútil. Pero «niño pequeño»… ¡No se lo diría por nada del
mundo!
—Supongo que todo el empeño que hemos puesto Charis y yo para que fuera limpio ha sido en
vano —dijo Frederica con resignación.

—¡Parece un golfillo callejero! —dijo Jessamy con franqueza—. Pero no está molestando a
nadie. ¡Esos hombres le han tomado cariño, Frederica! Y aunque no fuera así, eso no es asunto de
lord Buxted. ¿Qué derecho tiene a comportarse como si fuera nuestro tutor? Se pasa el día
sermoneándonos. A veces me dan ganas de… —se detuvo apretando los labios, y haciendo un
esfuerzo para contenerse, dijo—: No debería hablar así. Lord Buxted es un hombre muy
respetable, y… no me guardó rencor cuando fui tan descortés con él. No estoy dispuesto a dejarme
provocar otra vez. Por eso he venido.

—Bien hecho —dijo Alverstoke—. ¿Te has enterado de cuándo está prevista la ascensión?
—No, señor. Me pareció escuchar que había poco viento, y estaban discutiendo si hacer el
vuelo o dejarlo para otro día. Pero no estaba prestando atención.
—¡Pues muy mal! —dijo Alverstoke—. Este asunto me aburre tanto como a ti, y estoy
deseando marcharme. ¡Dios mío! ¡Si lo posponen, Felix querrá que vuelva a repetir este numerito!
Frederica dejó escapar una risita.
—¡No te preocupes! ¡No volveré a permitir que te dé la lata!
—¡Eso no servirá de nada! Te asegurará (y a mí también) que no tiene intención de
molestarme, y que…

—¡Solo quiere pedírtelo! —le interrumpió Eliza.
—Sí, dirá que quiere ofrecerme una oportunidad única, y me mirará como un pobre huérfano si
le digo que no —añadió el marqués con amargura.
—¡Sus trucos de siempre! —dijo Jessamy—. Por supuesto que lo hará, señor, sobre todo si
sabe que puede convencerle. ¿Por qué no le da un buen chasco?
—Sí, en vez de hacerle creer que puede contar contigo para todo —dijo Frederica—. Jessamy,
yo creo que deberías ir a buscarle. ¡Seguro que están deseando librarse de él!

Jessamy sacudió la cabeza, y dijo con una reticente sonrisa:
—No. Uno de ellos le ha dicho al primo Buxted que les está ayudando mucho. De hecho le
están dando alas, como el primo Alverstoke. ¡Ahora no habrá quien lo aguante!
—Imagino que de nada servirá decir que yo nunca le he dado alas, ni he tenido necesidad de
hacerlo —dijo Alverstoke.
Vio que se acercaba su sobrino, y le saludó preguntándole cuánto tiempo tendrían que seguir
esperando.

—Supongo que no mucho —contestó lord Buxted—. He estado hablando con el jefe, y es un
hombre muy simpático. Son dos aeronautas, ¿sabe? El jefe, Oulton (creo que se llama así), me ha
contado unas cosas muy interesantes sobre los peligros y las dificultades de la navegación aérea:
las inesperadas corrientes de aire a gran altura, la fragilidad de la válvula, el peligro de

descender con fuertes corrientes de aire, la posibilidad de arrancar arbustos enteros con los
anclajes y que el globo vuelva a ascender… Por citar solo unos pocos. Hay que ser muy valiente
para aventurarse a volar. Reconozco que yo no lo haría por nada del mundo.
—¡Yo tampoco! —dijo Charis, estremeciéndose.

—¡Por no hablar de las velocidades que pueden alcanzar! —prosiguió—. Imagínese viajar a
cincuenta millas por hora. Pero no creo que lleguemos a verlo, porque hoy no hace mucho viento.
Me temo que será un vuelo muy corto, a menos que al ascender encuentren una fuerte corriente de
aire. ¿Conoce la espectacular (o más bien increíble) altura que han llegado alcanzar estos globos,
Charis?
—Me lo dijo Felix. Media milla. Pero espero que hoy no suban tanto. ¡Me dan escalofríos
solo de pensarlo!

El marqués, al que bastó un vistazo para interpretar la expresión del rostro de su sobrino, dijo:
—¡Vamos, Carlton! ¿No pretenderás impresionar a la hermana de Felix? Si ha estado
escuchado su instructivo discurso a lo largo de esta semana, ella misma podrá recitarte todos los
datos —miró a Charis con una sonrisa que le hizo reír—. ¡Aunque te ruego que no lo hagas,
Charis!
—¡Oh, no! Soy demasiado tonta para entender estas cosas.

—O es posible que tu hermano pequeño no entendiera bien lo que pretendía explicarte —dijo
Buxted—. El riesgo no está en la altura, sino en la fragilidad de la válvula, que es la que controla
la altura. Debido a la presión atmosférica, la cuerda que abre la válvula debe manejarse con
extrema precaución. Si la válvula no se abre lo suficiente, el globo puede pasarse la zona de

descenso. Si se abre pero no se puede volver a cerrar, el gas se escapa con tal violencia que el
globo desciende a toda velocidad hasta que se estrella contra el suelo.
Por fortuna, Charis se puso tan pálida al pensar que podía ser testigo de un desastre tan
terrible, que Jessamy intentó distraerla, diciendo:
—¡Mirad! ¡Han empezado a llenarlo!

Ficha Técnica

Título: Frederica
Autores: Georgette Heyer
Editorial: Ediciones Palabra, S.A.
Fecha: 30 mar 2020
Tamaño: 1.29MB
Idiomas: Español
Literatura: Novelas Románticas
Páginas: 478

Isbn: 9025743216783

Formato: epub y pdf

Enlaces de Descarga:

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Frederica – Georgette Heyer.pdf

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