Libro La cocinera de Castamar Gratis en PDF, ePub

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 Sinopsis

Descargar La cocinera de Castamar de Fernando J. Múñez Clara, una joven caída en desgracia, sufre de agorafobia desde que perdió a su padre de forma repentina. Gracias a su prodigiosa cocina logra acceder al ducado de Castamar como oficial, trastocando con su llegada el apático mundo de don Diego, el duque. Este, desde que perdió a su esposa en un accidente,

vive aislado en su gran mansión rodeado del servicio. Clara descubrirá pronto que la calma que rodea la hacienda es el preludio de una tormenta devastadora cuyo centro será Castamar, su señor y ella misma.
Fernando J. Múñez teje para el lector, con una prosa detallista y delicada, una urdimbre de personajes, intrigas, amores, envidias, secretos y mentiras que se entrecruzan en una impecable recreación de la España de 1720.

Leer el Primer Capítulo:

Clara, con el permiso de su excelencia y del mayordomo para tomarse el tiempo que necesitase, avisó a su segunda de que no podía continuar y regresó a su alcoba con el ánimo turbado. Tenía ya demasiada carga en su espíritu
empapado de contradicciones, y la discusión con la oficial había despertado en ella un sentimiento de honda triste za. Tampoco se sintió a salvo en su cuarto cuando cerró las cortinas de la ventana y se tumbó con la cara pegada al

colchón. Estuvo recordando vivencias amargas del pasado. La pobreza extrema con la que habían vivido comiendo solo patatas, iguales a las qu e se daban al ganado y que años atrás sorprendían a su padre al verlas en la olla podrida.
Sintió la lejanía de su madre viajando tal vez a Roma, a los Estados Pontificios, y la nostalgia de sus consejos. Después se acordó de su hermana Elvira, que en los tiempos de más hambruna se había desvivido por ella guiándola como

un lazarillo, soportando sus frustraciones en silencio. Tras ella surgió el fantasma de Rosalía, con el rostro macilento y sus ojitos huecos, mirándola con el cuello partido desde el frío patio de descarga.
Clara se giró sobre la almohada y continuó navegando en su memoria hasta que el sueño la visitó en silencio y se adueñó de su cuerpo. El último de los pensamientos que tuvo llegó cargado de esas imágenes sencillas y potentes que

tanto l e habían arrebatado el aliento en los últimos días: don Diego se acercaba a ella y le levantaba el mentón suavemente con el fin de enjugarle las lágrimas con un pañuelo de lino que, como siempre, desprendía su fragancia
esencial a alhucema.
Mismo día, 22 de enero de 1721

Amelia se despertó al percibir un latigazo de dolor entre las costillas, tan agudo que le arrebató el aliento de inmediato. Se sintió perdida, incapaz de ubicarse, y un terror intenso se adueñó de su alma. Trató de hablar, pero tenía la
lengua hinchada como un trozo de metal y apenas pudo gorgotear. Se movió un poco, hasta que comprendió que descansaba bajo unas suaves sábanas de lino y que, por los sonidos, había alguien a su cuidado. Trató de abrir los
párpados, sintiéndose encerrada en su cuerpo dolorido, pero le fue imposible. Un dolor lacerante le recorría el rostro y comprobó que su ojo izquierdo era un sillar de granito, latiendo y completamente cerrado. El derecho logró abrirlo

con una punzada hiriente.
Distinguió a dos figuras manchadas que se habían acercado a ella al ver que había tomado consciencia. Al sentirlas acercarse volvieron las imágenes y el terror de lo que había acontecido cuando el cochero, en plena noche de
regreso a su casa tras verse con el marqués, detuvo los caballos y salió corriendo. A ella no le había dado tiempo a entender qué ocurría cuando un hombre encapuchado que desprendía un olor a sudor podrido le golpeó con los

nudillos rocosos en la cara. El impacto fue tal que solo percibió cómo su cabeza se volteaba con un crujido y perdía el conocimiento. Cuando despertó la estaban sacando del coche a rastras, tirando de ella por los cabellos como si

fuera una pieza de ganado. La estrellaron contra el barro y bajo la lluvia. Aterrorizada, había intentado escapar resbalando por el lodazal hasta que, tropezando, cayó sobre el cuerpo rígido e inerte de un hombre negro. Había chillado
de horror, pensando que la forzarían y después abandonarían su cuerpo sin vida junto con el de un bozal muerto. Trató de levan tarse de nuevo y, escurriéndose con su propia falda, había caído de bruces. Una bota le golpeó las
costillas.

Tendida en el suelo, hecha un ovillo y gritando de pánico, la habían molido a golpes con estacas gruesas durante un tiempo eterno, hasta que sus g ritos se ahogaron bajo la sensación completa del dolor. Justo cuando su

conciencia estaba tan paralizada como su cuerpo, el más fuerte de ellos, que parecía el líder, se acercó a ella desenvainando un cuchillo y anunció que había llegado la hora de su muerte. Entonces, tirándole de los pelos, sacó su cabeza
de entre el barro y le rajó el rostro, marcándole la mejilla derecha.
Al recordarlo levantó la mano con sumo esfuerzo e intentó alcanzar la mejilla. Una de las figuras borrosas la detuvo y, con voz an ciana, le dijo que no debía tocarse, pues la herida podía infectarse y sería peor.

Ficha Técnica

Título: La cocinera de Castamar
Autores: Fernando J. Múñez
Editorial: Fórcola
Fecha: 29 abr 2020
Tamaño: 0.68MB
Idiomas: Español
Literatura: Novelas Románticas
Páginas: 478

Isbn: 9032768923123

Formato: epub y pdf

Enlaces de Descarga:

https://www.filecad.com/eg4n/La-cocinera-de-Castamar—Fernando-J.-Munez.epub
https://www.filecad.com/eg4o/La-cocinera-de-Castamar—Fernando-J.-Munez.pdf

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