Libro La memoria donde ardía Gratis en PDF, ePub

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Ficha

Título: La memoria donde ardía
Autores: Socorro Venegas
Editorial: Páginas de Espuma
Fecha: 31 dic 2019
Tamaño: 0.74MB
Idiomas: Español
ISBN/ASIN: 9788483936450
Literatura: Libros de Terror
Páginas: 324
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

Imaginemos una niña que debe hacer un camino en busca de un padre que bebe sin coartadas. Imaginemos también una madre cuyo embarazo es ensimismamiento y hueco después del alumbramiento. Imaginemos finalmente una mujer que se diluye en una memoria entregada al amor que nunca más volverá.

Socorro Venegas es una voz conmovedora, poderosa y bella, precisa. Su libro es una contracción continua para un lector agitado en medio de una infancia desubicada de niños enfermos y ciegos, niños aislados, niños que no son niños. Un vaivén a lo largo de una maternidad negada desde su gestación, de una maternidad que no lo es. Un viaje dentro de una memoria, perdida y lejana, de aquello que una vez fue lo más deseado.

Un libro desgarrador, infinito, que nos habla de la música de la soledad, de la risa de la infancia acosada o de la huida de una madre que escapa dejando una cuna durante cualquier noche.

‘En su claridad estilística pulsa la ambigüedad, lo incierto, la fragilidad y las sutilezas entre el silencio y lo sobreentendido. Los espacios en los que se construye la literatura llamada a perdurar’, Sergio González Rodríguez, Reforma

‘La obra narrativa de Venegas apunta a varias entre esas otras posibilidades de la escritura que cada vez se vuelven más raras y preciosas: la insistencia en lo variado y lo rico de la experiencia en el mundo, la recuperación de la intimidad, la imaginación sin trabas ni instructivos’, Alberto Chimal, Excélsior

‘Difícil encontrar en esta época un narrador con tanto impulso poético’, Agustín Cadena, La Jornada1

Leer el primer capítulo:

EL COLOSO Y LA LUNA
Se desliza por su cuerpo de gigante la luz blanca, igual que el sueño en los
ojos muy abiertos de la niña. Al fondo de la mirada de Andrea hay un hombre
inmenso sentado a la orilla de la tierra, la cabeza ladeada hacia la luna. ¿De
dónde vino este coloso para habitarle el sueño?

Está cansada. Apenas parpadea. Y en su boca hay un sabor amargo y seco.
Todo el día buscó a su padre, caminó por las calles de su barrio, entró en las
cantinas, tocó las puertas de cada conocido y recibió las negativas. No le
importaba mucho hallarlo, pero su madre se pondría furiosa si no lo llevaba
de vuelta.

La pesquisa la hizo explorar más allá del barrio, territorio desconocido.
En el límite entre su calle y la otra unas niñas jugaban rayuela. Andrea quiso
dejar a la suerte la decisión de ir más lejos o volver a casa sin novedad,
entonces escucharía los insultos de su madre, quien luego se echaría a llorar
lamentándose por la hija tan inútil que tenía, la amenazaría con sacarla de la
primaria y ponerla a trabajar de criada.

Apenas era mediodía. Las niñas aceptaron que se uniera al juego, pero se
burlaban de su suéter viejo y los zapatos sucios. De un brinco a otro, mientras
ellas cuchicheaban, Andrea recordaba las mil mañanas en que su madre, sin
importarle que fuera día de escuela, le ordenaba: No llegó. Vete a buscarlo, y

con urgencia le metía en el bolsillo del suéter una pequeña botella de Bacardí
para así conseguir que la acompañara. El anzuelo. De un número a otro de la
rayuela, Andrea iba más concentrada y más enojada. No le gustaba obedecer a
su mamá. No le gustaban las caras de los vecinos con los que a veces su padre
bebía, la interrogante inútil que le devolvían: ¿No llegó anoche tu papá?, mira
qué cabrón.

Una de las niñas le preguntó entre risas si nunca se quitaba el suéter o sebañaba. La otra se acercó y le sacó la botella, iba a burlarse o a correr a
contar lo que acababa de descubrir, pero Andrea le arrebató el frasco y le dio
un tirón de cabellos que de todos modos la hizo correr, llorando, con su amiga
detrás. Hubiera querido patearlas y morderlas. Qué rápido huyeron de su odio
y su sed. Escupió.

No supo cómo. Mientras caminaba para seguir su búsqueda abrió
mecánicamente la botella y se la empinó dos veces con tragos largos. El ardor
en la garganta la hizo toser. ¿Por qué le gustaba a su papá ese líquido que dolía
y cuyo sabor le pareció horrible? Ella traía en el pecho un fuego más hondo
que el de ese ron blanco. Volvió a beber, esta vez el alcohol escurrió por su
cuello.

Pasó por la tienda La Cordobesa, guardó el frasco y entró. Una dulce
sensación le aflojaba brazos y piernas, llegó ante el mostrador y compró un
chocolate. Lo abrió despaciosa, torpe, y se lo comió en rápidos bocados. La

tendera no le prestó atención y solo le señaló el bote de basura. Al salir de ahí
la orden de buscar a su padre se oía lejana; en sus orejas burbujeaban
perezosos todos los sonidos del día: pájaros, coches, pasos, voces. La voz de
su madre, no. Se sentía cansada, llevaba mucho rato caminando y recordó que
no había desayunado.

La memoria donde ardia – Socorro Venegas.epub
La memoria donde ardia – Socorro Venegas.pdf

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