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Libro Las chicas de Rosewood gratis en PDF, ePub

De Osvaldo Semrik 

 Sinopsis

Descargar Las chicas de Rosewood de Osvaldo Semrik
Anne no es como todas las niñas.
No tiene las mismas habilidades que los demás para comunicarse. Su familia resuelve entonces enviarla a un instituto de salud mental.
Al poco tiempo, pierden contacto con ella.
Anne ha desaparecido.

Baltimore, 1932. Aron Lewin es un joven periodista llegado hace poco a Estados Unidos tras escapar de una Europa que comienza a oprimir a los judíos. Descubre, casi por casualidad, una carta que lo pone sobre alerta acerca de un posible caso policial en el prestigioso Instituto Rosewood. Conmovido por la historia de una familia deshecha, decide investigar. Convoca a sumarse a la pesquisa al doctor Leo Kanner, a quien Aron conoce como uno de los compatriotas que también se han exiliado.

Entre los dos llevan adelante una compleja investigación de la que la carta inicial es apenas un minúsculo hilo de una madeja gigante. Se involucran, casi sin darse cuenta, de tal manera, que las vidas de los dos ya no son las mismas. En especial porque el caso de Anne, el que los puso sobre alerta de los otros casos, sigue sin resolverse. A medida que avanzan, a medida que descubren la trama, que comienza a exponerse un sistema perverso del que hasta los que parecen más inocentes son cómplices, el doctor Kanner también avanza, en paralelo, en circunscribir, en conocer, en explicar los trastornos del espectro autista, en cuyo estudio se vuelve pionero.

Leer el Primer Capítulo:

—Queridos amigos —comenzó George Frankl—, nos hemos tomado junto a Annie el
atrevimiento de pedirle a Jenne y Leo que convocaran esta mesa junto con la que tantas emociones
compartimos.
En el círculo ampliado se encontraban Theo y Iara que, sentados junto a Albert, escuchaban
atentos.

—Debemos comentarles que me han invitado de la Universidad de Kansas para que me haga
cargo del servicio de pediatría psiquiátrica de su clínica universitaria.
A todos invadió la mezcla de alegría por el progreso que significaba en la carrera de George y
tristeza por lo que implicaría la separación en ese grupo tan amalgamado. Sin embargo, pudo más
la felicidad por la promoción.

—Lo hemos conversado con Leo, por supuesto, y, si bien él deseaba que yo me quedara a cargo
del servicio aquí, en el Hospital Johns Hopkins, entendimos que era mejor que lo siguiera
conduciendo él, tan cerca que se está de obtener los máximos logros en materia de autismo.
Nosotros, ya que Annie trabajará conmigo, seremos los voceros hacia el centro y oeste del país de
los logros en el camino que comenzamos a transitar juntos aquí, en Baltimore.
—Y vendremos cada vez que nos podamos escapar de Kansas —agregó Annie con una
emoción que no podía disimular por dejar de ver cotidianamente a quienes eran su familia desde
hacía siete años, cuando llegó de Austria.

En medio de los festejos, Aron se deslizó sin ser visto hacia un lugar apartado de la residencia,
de donde luego volvió a la mesa con un imperceptible paquetito en el bolsillo que Leo había
tenido la complicidad de esconder allí hasta de los ojos de Jenne.
Cuando los ecos del anuncio de los Frankl se aplacaron, Aron se puso de pie, aclaró su
garganta y procedió ceremonioso con un armado discurso.
—Estimados, voy a aprovechar la convocatoria para celebrar el ascenso de nuestro amigo
George y, por qué no, de Annie, ya que sabemos que detrás de cada hombre hay una gran mujer…
¡que le indica lo que tiene que hacer y dónde dejó las medias guardadas! —Las risas
interrumpieron el discurso, pero Aron supo esperar que se acallaran para continuar—. Decía que,
aprovechando el momento y sin querer opacar en lo más mínimo el homenaje a George y Annie,
deseo hacerlos partícipes de esto. Hace casi tres años, tuvimos la fortuna de traer a nuestras vidas
a estas dos criaturitas que nos han cambiado la vida. Hablo en plural porque no me hubiera sido
posible llevar a cabo la crianza de mis amados hijos, sin la ayuda de Judith que día y noche y,
desde antes de viajar a buscarlos a Londres, estuvo presente en cada detalle.
Todos los rostros sonrientes se dirigieron hacia la joven, quien se sonrojó y agachó la cabeza
con real modestia.
—La conozco desde pequeña, desde aquel día en que la acción determinada de este grupo de
amigos ingresamos a esa infausta residencia y rescatamos a una jovencita que apenas daba crédito
de lo que pasaba a su alrededor y que, ni en sus sueños más bellos, si es que los tenía, podía

imaginar el cambio que se producía en ese mismo instante en su vida.
»Creo que es un excelente momento para recordar la memoria de nuestro querido Frank
Keating, que ese día aplicó quizás el único uppercut de su vida para mandar a Stearling a la lona,
lo que será recordado para siempre por quienes tuvimos el placer de ser testigos.
El llanto de emoción afloró en Eunice, que recordaba cada día con más nostalgia los pocos
años pasados con Frank como pareja y cómo se dedicaron ambos al cuidado de Judith. “Ojalá
estuviera aquí presente para ver en la bella mujer en que se ha convertido.”

—Disculpa, Eunice, no quise aplicarte un golpe bajo, mi homenaje y mi recuerdo en este
momento hacia Frank es porque quiero pedirte a ti y en tu representación, al difunto Frank, que
Dios lo tenga en la gloria, la mano de Judith.
Surgieron suspiros de las damas; los hombres se levantaron y abrazaron a Aron, lo apretaron
hasta literalmente hacerle perder el aliento.
Cuando, ante la mirada feliz de Eunice, los amigos liberaron a Aron de ese encierro, él se
arrodilló frente a Judith, tomó de su bolsillo el paquetito que retiró del escondite minutos atrás y
lo abrió exhibiendo una hermosa sortija de oro coronada con un brillante.

—Judith, ¿deseas convertirte en mi esposa, bajo la ley de Moisés y del pueblo de Israel, para
estar conmigo en las buenas y en las malas, para convertirte en madre de mis hijos, Theodor y
Iara, para cuidarnos y protegernos, para dejarte cuidar y proteger por nosotros, hasta que la muerte
nos separe?
Judith sentía que las lágrimas corrían por sus mejillas como un torrentoso río.
—¡Claro que sí, Aron! Hace mucho que estoy esperando tu propuesta. Te amo a ti, a estos niños
y a mi abnegada madre como a nadie en el mundo. Solo deseo que formemos una familia. Ya me
había dicho Jenne que, si quería casarme contigo debería ser yo la que te propusiera matrimonio,
porque tú… ¡y te aseguro que estaba a punto ya de hacerlo!

Las risas de Jenne confirmaron ese diálogo que habían mantenido días atrás con Judith. La
señora Kanner, cansada ya de haber intentado durante tantos años presentarle a una de sus amigas,
había puesto los ojos en Judith. “¡Qué mejor candidata! ¡Cómo no lo había notado antes!”.
—Queridos hijos, Theo y Iara, acérquense por favor —pidió Aron.

Los niños, que estaban medio aturdidos por los gritos y las emociones a flor de piel de todos,
sabían perfectamente lo que implicaba el pedido de casamiento de Aron a Judith.
—¿Aprueban ustedes que, desde hoy mismo, Judith deje ser una tía para ustedes y se convierta
en su mamá y, tras el tiempo mínimo que nos lleven los preparativos, sea mi esposa y se mude a
nuestra casa a vivir?
—¡Claro que sí! —dijo Theodor mientras Iara corría a abrazarse con Judith.
—¡Tía querida!

—Iara, puedes decirle “mami querida” —la corrigió Aron.
Judith se acercó a Eunice que estaba llorando y le preguntó:
—Madre mía, ¿tú ves con buenos ojos nuestra unión?
—Hija mía, hace años le dije a Aron que no te vea como a una hermanita, ¿qué más podría
desear yo? Que Aron sea mi hijo, que esos preciosos niños sean mis nietitos y que tú te cases con
esa maravillosa persona.

Ficha Técnica

Título: Las chicas de Rosewood
Autores: Osvaldo Semrik
Editorial: Editorial Vestales
Fecha: 02 abr 2020
Tamaño: 1.03MB
Idiomas: Español
Literatura: Libros de Aventuras
Páginas: 421

Isbn: 9834563267890

Formato: epub y pdf

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