Las tres de la mañana

 Sinopsis

Descargar Las tres de la mañana de Gianrico Carofiglio
«Acabo de cumplir cincuenta y un años, la edad que entonces tenía mi padre. He pensado que podría ser un buen momento para escribir sobre aquellos dos días y sus noches.»

Los dos días y sus noches a los que hace referencia Antonio, el narrador de esta historia, son los que, recién cumplidos los dieciocho años, pasó con su padre en Marsella. Su infancia había estado marcada por la epilepsia y su familia decidió llevarlo a ver a un médico de esa ciudad que proponía una posible

cura con una nueva medicación. Tres años después de iniciado el tratamiento, Antonio tiene que regresar a la ciudad para comprobar si, en efecto, ha superado la enfermedad. Esta vez solo lo acompaña su padre –ya separado de la madre– y, para valorar la curación, el chico deberá someterse a una prueba de esfuerzo y, con ayuda de unas pastillas, permanecer dos días sin dormir.

Durante esas largas horas insomnes que pasan padre e hijo, deambulan por la ciudad, acuden a un club de jazz, atraviesan barrios poco recomendables, toman un barco para ir a una playa local, conocen a dos mujeres que los invitan a una fiesta bohemia, el chico vive su iniciación sexual, el padre le confiesa intimidades y secretos de los que jamás le había hablado…
Y a lo largo de esos dos días y sus noches ambos comparten momentos inolvidables, que marcarán para siempre la vida del narrador.

Una novela de iniciación de una deslumbrante belleza, cuyo título está tomado de una frase de Suave es la noche de Francis Scott Fitzgerald: «En la verdadera noche oscura del alma son siempre las tres de la mañana.» Gianrico Carofiglio explora con una mirada cargada de emoción las relaciones paternofiliales, y plasma unos momentos decisivos en la formación del joven protagonista, que recorre una ciudad desconocida con su padre y descubre cosas que nunca podrá olvidar.

Leer el Primer Capítulo:

suponía un alivio. La mera idea de repetir el viaje de hacía tres años,
con los dos, me producía una sensación asfixiante.
Llegamos a Marsella de noche. Llevábamos una carpeta con los resultados de los análisis y el
electroencefalograma que me habían hecho en los últimos días. Gastaut me vería a la mañana
siguiente y por la tarde estaríamos ya de vuelta.

El hotel era un edificio moderno, nada del otro mundo, pero desde luego mucho más cómodo
que el de la vez anterior. Se hallaba en las inmediaciones de la Canebière, la calle más famosa de
Marsella, que conecta el barrio burgués de Réformés con el Vieux Port.

Tras un breve intercambio de palabras con el personal del hotel, salimos a buscar un sitio para
cenar.
La zona donde estaba el hotel podría ser la de cualquier otra ciudad francesa o europea, un
lugar parecido a donde vivíamos y en el que podíamos sentirnos más o menos a gusto.
Pero enseguida nos dimos cuenta de que, en el mejor de los casos, se trataba de una impresión
muy relativa. Conforme nos acercábamos al puerto,

Marsella se iba transformando a ojos vista en
una especie de metrópolis norteafricana, custodiada en cada esquina por chulos y prostitutas;
transitada por pandillas de chavales magrebíes con mirada famélica; salpicada de rebosantes
bazares en miniatura, de tiendas precintadas con tablones de madera, de restaurantes que olían a
especias y fritura, de cafés ambiguos y de cines porno. En dos o tres ocasiones nos vimos
obligados a esquivar o incluso a pasar por encima de tipos tirados por el suelo: borrachos,
drogadictos o simples desesperados de la vida.

Mi padre y yo no hablábamos, pero ambos percibíamos el creciente malestar del otro. Había
anochecido, y las calles transmitían un aire de extrañeza y peligro. Habría querido decirle que
regresáramos, pero no sabía cómo hacerlo; no encontraba las palabras adecuadas, no quería que
mi padre se ofendiera y pensara que no lo consideraba capacitado para gestionar una eventual
situación de emergencia.

Supongo que él también estaba pensando algo similar y que habría preferido regresar a un
terreno menos inhóspito, pero guardó silencio como yo. Encendió un cigarrillo, atento a lo que
pasaba a su alrededor y tratando de no dar muestras de que lo hacía. No fuera que alguno pudiera
sentirse molesto por tanta curiosidad y se acercara a pedirnos explicaciones.

De repente oímos un grito detrás de nosotros. Nos volvimos justo a tiempo de ver a un joven
magrebí, diminuto y esmirriado, que corría por el otro lado de calle. Lo perseguían dos policías.
Uno de ellos tenía la zancada potente e intimidatoria propia de los jugadores de rugby cuando van
a la caza de un adversario. Si un peatón le obstaculizaba el paso se lo quitaba de en medio con un
manotazo sin ni siquiera reducir la marcha. El joven era rápido, pero el agente era sin duda un
atleta bien entrenado y, metro a metro, acortaba la distancia.
La escena transmitía una belleza rítmica y salvaje.

Ficha Técnica

Título: Las tres de la mañana
Autores: Gianrico Carofiglio
Editorial: Editorial Anagrama
Fecha: 13 abr 2020
Tamaño: 0.64MB
Idiomas: Español
ISBN/ASIN: 9788433941497
Literatura: Libros de Aventuras
Páginas: 267

Isbn: 9231583242182

Formato: epub y pdf

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