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 Sinopsis

Descargar Papel y tinta de María Reig La apasionante historia de una mujer que lucha por rebelarse contra el sistema establecido en el Madrid anterior a la Segunda República. ¿De qué serías capaz por cumplir tus sueños? ¿Qué tenía que hacer una mujer para lograr los suyos en la España de principios del siglo XX?.

Madrid, primeras décadas del siglo pasado. Elisa Montero, aunque de origen humilde, es criada desde niña por su madrina, una adinerada y misteriosa mujer perteneciente a la alta burguesía madrileña. La sensación de no pertenecer a ningún lugar y de cierta rebeldía ante los designios que otros han trazado para ella será algo que marcará su vida.

Elisa no solo buscará liberarse de las limitaciones que le imponen su condición de mujer y su posición social para lograr convertirse en periodista, sino que intentará tomar las riendas de su destino y entregarse al verdadero amor. Como testigo, la rabiosa y convulsa actualidad de una España entre guerras que la acompañará en su lucha por conocerse a sí misma y sobreponerse a sus propios prejuicios.

Leer el Primer Capítulo:

El otro día fui a tomar café con Catalina y la señorita Elisa. Una joven
encantadora, ¿no cree?
—No la describiría como encantadora —respondió Pascal, moviendo el
líquido de su chato.
—¿No? ¿Por qué lo dice? —pregunté.

—Digamos que no estamos alineados en casi ninguna opinión. Y, además,
siempre actúa con ese desdén, ese orgullo absurdo… Me parece una mujer
con un carácter complicado. Lamento que don Francisco vaya a tener que
aguantarla el resto de su vida.
Intenté contener mi asombro.
—¿Eso piensa de ella? —indagué.

—Es una joven de familia rica, obsesionada con su futura boda. Es
innegable que su atractivo y su juventud le han abierto las puertas de la
familia De las Heras y Rosales. Es lo que justifica la actitud de don
Francisco, que la deja hacer y deshacer a su antojo. Y creo que por eso ella
quiere desposarse con él.

Porque es el único hombre en la faz de la tierra lo
suficientemente ocupado como para ignorar sus quejas y satisfacer todos sus
caprichos. Yo no podría soportar a una mujer como ella, que solo pide, pide y
pide… Se nota que ha tenido una vida más que cómoda, que solo se limita a
pasear por bailes y teatros con sus vestidos y que se aburre tanto que ha
forzado a que don Ernesto deje que pase sus horas muertas en el periódico. Es
decir, un ejemplo más de lo que yo decía: pide, pide y pide.

Me detestaba. Y aquel terrible esbozo era lo que ocupaba su mente cuando
escuchaba mi nombre. Las lágrimas asomaron por mis ojos, pero conseguí
que frenaran.

No había calibrado lo duro que podía ser escuchar cómo
alguien te rechazaba de aquella forma. Quizá era lo que todos pensaban de
mí. Incluso Francisco me veía como una jovencita despreocupada y mimada.
—Está claro que no le agrada en absoluto —concluí, sin levantar la vista.
—Solo habría un modo en el que podría atraerme una dama así. —Hizo
una pausa dramática—. Que fuera muda.

Me hubiera levantado y le habría propinado un puñetazo en la nariz. Pero
aquello no era propio de mi conducta. Al menos no hasta unos quince
minutos más tarde…

—Hablando de damas… Aquella joven de ahí no le quita el ojo de encima
—me indicó Pascal, señalando a una mujer que fumaba en una de las mesas
cercanas a la barra.
—¿Qué me da si consigo camelarla? —me interesé, ofendida, buscando
cualquier excusa para levantarme de aquella mesa.

—Pero ¿usted no está enamorado de la señorita Folch?
—Camelar y retozar son vocablos distintos —subrayé.
—De acuerdo. Veinte pesetas.
—¿Solo?

—Pero si no lo consigue, me las da usted a mí.
—Trato hecho.
—Está bien, cuarenta pesetas. Es mi última oferta.
—De acuerdo. —Me bebí su copa—. Mire y aprenda.
Lo abandoné con paso firme aunque algo condicionado por el alcohol.
Pascal me observaba desde nuestro velador: «¿Ha dicho retozar?», preguntó a
la nada mientras yo me alejaba. No tenía idea de cómo iba a ganar la apuesta.

O quizá sí. Contaba con una gran ventaja y es que era una mujer. Me aclaré la
voz y comencé a comportarme del modo en que mis amigas y yo habíamos
descrito siempre al caballero galante que habría de cortejarnos. Distanciarme
de las afiladas críticas de Pascal me proporcionó un necesario oxígeno en
aquella noche. Cortésmente, pregunté a la susodicha si estaba ocupada la
silla.—
Hasta hace un momento sí, pero puede hacerme compañía si lo desea —
me respondió.

Aquello me dio la oportunidad de comenzar a charlar con ella. Halagué su
elegancia y sus agraciadas facciones.
—Es usted una beldad, señorita. Qué delicia poder conversar con usted —
le dije.
La muchacha, poco a poco, fue cayendo presa de mi trampa, que hacía
vencer la balanza a mi favor ante la estupefacción de Pascal. Tras un rato de

amigable conversación, en la que no obvié contarle que era un conocido
periodista de El Demócrata de Madrid y que había viajado por medio mundo,
le sugerí que bailásemos. Confiada por mi concienzudo entrenamiento con
Catalina para saber danzar como un varón, tendí la mano. La joven accedió,
así que iniciamos nuestro baile al ritmo de las guitarras.

Ficha Técnica

Título: Papel y tinta
Autores: María Reig
Editorial: Suma de Letras
Fecha: 26 abr 2020
Tamaño: 3.57MB
Idiomas: Español
Literatura: Libros de amor
Páginas: 489

Isbn: 9932567832456

Formato: epub y pdf

Enlaces de Descarga:

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https://www.filecad.com/eg2m/Papel-y-tinta—Maria-Reig.pdf

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