Saltar al contenido

Libro Salvar el fue gratis en PDF, ePub

De Guillermo Arriaga 

 Sinopsis

Descargar Salvar el fue de Guillermo Arriaga. PREMIO ALFAGUARA DE NOVELA 2020

Una historia de violencia en el México contemporáneo donde el amor y la redención aún son posibles.

Marina, una mujer casada, con tres hijos y una vida familiar resuelta, coreógrafa de cierto prestigio, se ve involucrada en un amorío improbable con un hombre impensable. Salvar el fuego retrata dos Méxicos completamente escindidos uno del otro, donde Marina, que pertenece a la clase social más alta, se vincula con un hombre al extremo de la sociedad.

Leer el Primer Capítulo:

Si quería seguir vivo, JC debía estar víbora y no solo confiar en los cacomixtles asignados por el
Tequila. Cincuenta pichicatos pesos bastaban para que uno de sus guardianes se quitara del
camino y les permitiera a los matarifes entrar por detrás. Si quería sobrevivir, JC debía tener ojos
en la nuca. El Máquinas no se estaría sosiego hasta que viera su cadáver bañado en sangre.
A él no lo iban a agarrar en la baba. Al ducharse elegía la regadera al final del pasillo, desde

donde tenía a la vista a todo aquel que entraba y salía. En los corredores caminaba pegado a la
pared para que no lo atagullaran por el costado y en el comedor nunca daba la espalda. Al pasear
por el patio lo hacía acompañado por al menos con dos compas fiables, aunque «fiable» no era un
vocablo aceptado por el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Carcelaria. Al caminar
volteaba atrás cada diez metros y escaneaba los rostros. A un asesino siempre se le notan las
ganas o los nervios o la voracidad o la prisa. Alguito en el cuerpo delataba. Lo sabía él que se
había tumbado a dos.

El Tequila le chingó para mantener el penal en paz. Si firmaba la concesión de las cocinas, el
boss de bosses lo premiaría con un ascenso. En el mundo narco eso marcaba la diferencia entre
meterse quinientos mil dólares al año a embolsarse tres millones de verdes por mes. Por mes.
Bastaba que lo nombraran jefe de una plaza en el top five y venga nuestro reino: billetes a
raudales, codearse con famosos, guapas por toneladas, más billetes, más guapas. Una plaza onda
Cancún era su megadream. Vivir en un condo junto a la playa, administrar el ingreso de la droga
en docenas de hoteles, bares y restaurantes donde miles y miles de gringos, canadienses,
franceses, españoles y los consabidos springbreakers comprarían coca y tachas y cristal como si
el mundo se fuera a acabar.

Mantener a raya a doce mil reos no le fue fácil. Era un trabajo 60/60/24/7/31/365. En un lugar
donde cientos de seres humanos viven amontonados cual puercos en tráiler, las rencillas por
chiquiteces se pueden transformar en odios crónicos y en perpetuos deseos de romperle la madre
al otro. Que si el muy gandalla se acostó en mi cama, que si a ese güey le sirvieron más sopa, que
si me dicen que dijo, que si me habla golpeado, que si me miró las nalgas, etc.

Para don Julio el
primer paso para deshinchar enfados era el diálogo. Juntar al ofendido con el ofensor y sacar un
«chale, pos perdón» y «un ta güeno, pues te perdono». Si eso no funcionaba, la lana resolvía el
problema. «Ya hombre, tú perdónalo y te paso cien varos para que se te baje más rápido el
coraje.» Ora que si el billete no jalaba, una emulsión de madrazodyl bastaba para ponerlos en paz.
Para el Tequila lo del JC era una bomba de tiempo y no podía explotarle en las manos. Pronto
la tendría que desarticular. No podía darse el lujo de tener a un loquito queriendo matar a un preso
de alto perfil como el JC. Soltó a los lobos a buscarlo.

Al Máquinas, un par de lidercillos de las bandas le advirtieron que se escondiera a la de ya. El
cartel de los Aquellos había descubierto la trama del asesinato del rubio y habían dejado a sus
compas como trapeadores de rastro. Quién sabía qué vara alta tenía el grandote entre los bosses,
pero iban a full tras el autor intelectual del plan para asesinarlo. «Ya saben tu nombre», le avisó
uno de los valedores. «Hasta rolaron un dibujo con tu cara y la neta que sales igualito.

Tu jeta ya
está en todos lados, carnal. Pidieron que si te veíamos les chitáramos de volada. Ofrecen un
chingo de lana por ponerte. Somos ley y no nos gusta jugar chueco. Tú te la rifaste con nosotros y
nosotros nos la rifamos contigo. Pero no podemos cubrirte carnal. Entró con todo el cartel nuevo y
quién sabe qué pinches tratos tengan con los cuicos, pero están haciendo limpia. Hasta al pobre
pendejo que se roba el espejo de un carro se lo están cargando. No perdonan nada estos cabrones.
Si quieres mi consejo, carnal, píntate de colores antes de que te hallen.»

Ficha Técnica

Título: Salvar el fuego
Autores: Guillermo Arriaga
Editorial: Ediciones encuentro
Fecha: 01 abr 2020
Tamaño: 2.78MB
Idiomas: Español
Literatura: Libros de Terror
Páginas: 436

Isbn: 9876904356534

Formato: epub y pdf

Enlaces de Descarga:

Salvar el fuego – Guillermo Arriaga.epub

Libros Relacionados:

S.M Post Actualizados | S.M 1

S.M 2 | S.M 3 | S.M Paginas | S.M Categorias

Libreria Virtual para todos Copyright © 2020.