Libro Todo lo que nunca fuimos Gratis en PDF, ePub

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 Sinopsis

Descargar Todo lo que nunca fuimos de Alice Kellen Primera parte de la bilogía «Deja que ocurra» de Alice Kellen: Leah está rota. Leah ya no pinta. Leah es un espejismo desde el accidente que se llevó a sus padres. Axel es el mejor amigo de su hermano mayor y, cuando accede a acogerla en su casa durante unos meses, quiere ayudarla a encontrar y unir los pedazos de la chica llena de color que un día fue.

Porque a veces basta con un «deja que ocurra» para arriesgarlo todo
Pero no sabe que ella siempre ha estado enamorada de él, a pesar de que sean casi familia, ni de que toda su vida está a punto de cambiar. Porque ella está prohibida, pero le despierta la piel. Porque es el mar, noches estrelladas y vinilos de los Beatles. Porque a veces basta un «deja que ocurra» para tenerlo todo.

La segunda parte de «Deja que ocurra», Todo lo que somos juntos, se publicará el 30 de abril de 2019

Leer el Primer Capítulo:

—apunté todavía confundida.
—¿Qué más da eso? Venga, Leah.
Enmudecí al ver que Axel no me soltó de la mano mientras dejábamos
atrás los escalones del porche y caminábamos por el sendero. En teoría,
debería haber estado concentrada tan solo en las pequeñas piedrecitas que

notaba en la planta de los pies o en el tacto delicado de la hierba cuando
avanzamos un poco más, pero en la práctica no podía ignorar su mano, sus
dedos, su piel. Me dio un vuelco el corazón, como si dentro del pecho no
tuviese suficiente espacio, como si se agitase pese a estar gritándole que no lo
hiciese.

—Dime qué estás sintiendo —susurró Axel.
«Te estoy sintiendo a ti», quise responder.
—No lo sé…
—¿Cómo no vas a saberlo? Leah, no pienses. Solo intenta concentrarte
en este momento.
Caminábamos despacio. Él un poco más adelantado y tirando de mí con
suavidad, sin soltar mi mano.

«¿Qué estaba sintiendo?»
Sus dedos; largos, cálidos. El suelo alfombrado de hierba húmeda que
me hacía cosquillas en los pies. Su piel contra la mía, rozándose a cada paso.
Un tramo del sendero más áspero, más seco. Su uña suave bajo la yema de mi
pulgar. Y al final, la arena. Arena por todas partes, los talones hundiéndose
en la superficie templada.

Solo entonces comprendí lo que Axel pretendía. Durante esos minutos
que duró el paseo, lo había sentido todo. Pero estando allí. Había sentido
desde la realidad de ese momento, no a través de la ventanilla rota de un
coche que se había salido de la calzada.

Me senté en la arena. Axel también.
El sonido del mar nos arropó y se quedó con nosotros durante un rato,
hasta que él suspiró y comenzó a juguetear distraído con la arena.
—Cuéntame algo que no le hayas dicho a nadie más.
«Un día te dije que te quería, pero tú solo escuchaste “todos vivimos en
un submarino amarillo”.»

El recuerdo me azotó como si llevase años adormecido y de repente
intentase abrirse paso aferrándose a paredes llenas de instantes que había
creído olvidar. Y a veces, al encontrar cajas cubiertas de polvo, descubrimos
fotografías que siguen despertando sentimientos, esa piedra con forma de
corazón que un día lo significó todo, esa notita arrugada tan especial, esa

canción que siempre sería «la nuestra» a pesar de que él no lo supiese.
Hundí los dedos en la arena intentando ignorar aquel recuerdo y me
zambullí en otro más doloroso y difícil, como si todos se conectasen entre sí
y al despertar fuesen como fichas de un dominó cuando golpeas la primera,
cayendo en cadena.

—¿Quieres saber qué fue lo que sentí cuando salí a la calle poco después
de lo que ocurrió? —pregunté insegura, y Axel asintió—. Hacía sol. Lo
recuerdo como si hubiese sido ayer. Me quedé delante de la puerta del
apartamento de Oliver, mirándolo todo e intentando encajarlo. Un hombre

sonriente pasó por mi lado, tropezó y me pidió perdón antes de seguir su
camino. Delante había una mujer empujando un cochecito de bebé y llevaba
una bolsa de la compra en la mano; lo sé porque era incapaz de dejar de mirar
las zanahorias que sobresalían. Había un perro ladrando a lo lejos.

No sé si Axel era consciente de que ese momento que le estaba
regalando ni siquiera había sido capaz de dármelo a mí misma, de masticarlo
en soledad. Porque era más fácil así, con él, con los sentimientos que
brotaban cuando estaba cerca enredándose con los otros, esos más
complicados que no quería ni mirar.
—Sigue, Leah. Quiero entenderte.

Ficha Técnica

Título: Todo lo que nunca fuimos
Autores: Alice Kellen
Editorial: Grupo Planeta
Fecha: 26 abr 2020
Tamaño: 1.49MB
Idiomas: Español
Literatura: Libros de Poesía
Páginas: 432

Isbn: 9023267231257

Formato: epub y pdf

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