Libro Tu nombre entre los abedules Gratis en PDF, ePub

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Ficha

Título: Tu nombre entre los abedules
Autores: Marie Rusanen
Editorial: Romantic Ediciones
Fecha: 01 ene 2020
Tamaño: 1.55MB
Idiomas: Español
Literatura: Libros de amor
Páginas: 267
ASIN: B07PWLYNPR
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

Entre las calles frías de Helsinki y los bosques acariciados por el sol, Ulla y Anders sufren ocultando un amor que no está escrito en el cielo. El abedul es un árbol que tiene la habilidad de crecer en condiciones adversas en los bosques de Finlandia. En ocasiones, eso mismo sucede con el amor. Anders es abedul que se mecen con el viento, integridad y pasión contenida. Ulla es rosas que florecen al sol, dulzura y pasión de una tierra lejana.

En un acto desesperado, Anders abandona lo que le es conocido y se marcha del su país. Desolada por su partida, Ulla intenta reconstruir su vida y abrirse a un nuevo amor. Pero la vida siempre sigue sus propios planes. Cinco años después el destino vuelve a reunirlos y ahora tendrán que hacer rente a aquellos sentimientos de los que han estado huyendo durante tanto tiempo. Solo el destino podrá decidir si les ofrece una oportunidad.

Leer el primer capítulo:

Me levanté a las siete de la mañana para prepararle el desayuno
a Minna y llevárselo a la cama. Ese día cumplía treinta y cinco
años. Conociendo las carencias afectivas que había tenido mi amiga
durante su infancia, quise brindarle lo que mi madre solía hacer por
mí en mis cumpleaños: me despertaba con un desayuno en la

cama. Ese detalle, más que una deliciosa tarta, me había hecho
sentir muy amada por ella. Aún bostezando y con sueño, me dirigí a
la cocina. Aquella semana, para mi frustración, me había tocado
madrugar varios días, pero no había de otra. «Sin quejas, Ulla».
Había mucho que hacer todavía para el festejo en honor a Minna
aquella noche.
Metí al horno unos croissants congelados que vendían listos para
el fogón y corté un pan de avena que había comprado en Keisari.
Mientras arreglaba la bandeja que le llevaría a Minna, no dejaba de
sentir la presencia de Anders como un fantasma que me seguía en
sueños y en vigilia, y…

No, no estaba bien pensar en él todo el tiempo. Tenía que pensar
en otras cosas.
Dieciocho minutos después, el olor a croissants se deslizó por la
cocina y terminó por alertar todos mis sentidos. ¿Dónde había leído
que el olor del pan despertaba nuestro altruismo y nos animaba?
Pues era verdad. Sonriente, coloqué en una bandeja un bote de

mermelada de frambuesa orgánica ––la fruta preferida de Minna––,
una tetera, varias bolsitas de té de hierbas, mantequilla, servilletas,
tazas para té y un ramito de flores silvestres en el centro. Ah, por
Dios, casi lo olvidaba… Volví a por el pan, los croissants y el regalo,
y me encaminé hacia el cuarto de Minna.
Sin llamar, entré en su habitación, cantándole el Paljon onnea
vaan

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con mi mejor voz.
—¡Feliz cumpleaños, Minna!
—Perkele, desayuno en la cama, mejor no podía comenzar el día
—murmuró, bostezando.Acomodé la bandeja sobre la mesa de noche y me senté a su
lado en la cama.
—Anda, el regalo primero. —La besé y puse ante sus ojos un
cuadro.
—Ay, Ulla, me encanta, me encanta. —Miró el cuadro, excitada
como una niña.
Había visto esa pintura una tarde en que fui a Porvoo, una

pequeña ciudad en la costa sur de Finlandia, popular por ser la
segunda ciudad más antigua del país. Porvoo conservaba una gran
área con viejas casas de madera en donde se podían encontrar
atractivas tiendecitas de artesanías y arte local. Aquel día, me
detuve en uno de sus establecimientos para observar las simpáticas
figuras de los bosques y de la mitología finlandesa, expuestas en
varios lienzos. Los colores vivos me recordaron a Minna, y pensé
que ese sería el regalo perfecto para ella.

—Kiitos, Ulla. —Me miró con los ojos aguados.
—Es un placer.
Le di el ramito que había dejado sobre la bandeja.
—Mmm, flores, qué lindas. Kiitos. —Aspiró el aroma.

—Anda, a desayunar, que se enfrían el té y los croissants.
—Perkele! Tengo montones de cosas por hacer hoy: limpiar,
preparar los entremeses, lavarme el cabello, hacerme la manicura, ir
al supermercado…
—Eh, para, para. No te preocupes, yo te ayudo. Sobre todo, me
voy asegurar de comprar carne para los que deseen comer carne.
—La miré con firmeza.
—Pues sí, qué remedio. —Puso tal cara de asco que no pude
evitar reírme.
Terminamos de desayunar y nos pusimos manos a la obra.

Inquieta sin saber por qué, decidí salir a correr, pero durante ese
tiempo no pude dejar de pensar en él. Eso me hizo sentirme triste y
confundida.
¿Qué estaba pasando entre Anders y yo?
Él se comportaba de forma diferente, me miraba de forma
diferente… Como si quisiera…
No, era una locura siquiera pensarlo.Avancé por el parque Kaivopuisto sin prestar atención a lo que me
rodeaba. ¿Eran imaginaciones mías? ¿Era de verdad una locura lo
que pensaba?

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