Libro Un viejo que leía novelas de amor [PDF] [EPUB]

Ficha Técnica

Título: Un viejo que leía novelas de amor
Autores: Luis Sepúlveda
Fecha: 12 ene 2021
Tamaño: 0.28MB
Idiomas: Español

Resumen:

En El Idilio, una remota aldea en la región amazónica de los indios Shuar (erróneamente conocida como Jíbaros), Antonio José Bolívar Proaño vive y aprendió a conocer la selva y sus leyes, a respetar a los animales y a los indios que la pueblan, pero también a cazar al aterrador tigrillo como ningún hombre blanco pudo hacerlo. Un día decidió leer con pasión las novelas de amor «del verdadero, del que te hace sufrir», que el dentista Rubicundo Loachamín le trae dos veces al año para distraer las solitarias

noches ecuatoriales de su naciente vejez. Intenta alejarse de la estupidez jactanciosa de esos extraños codiciosos que hay en ellos, que creen que dominan la selva porque están armados hasta los dientes, pero no saben cómo enfrentarse a una bestia que se ha vuelto loca porque han matado a sus crías. Las aventuras y emociones del viejo Bolívar Proaño, descritas en un lenguaje cristalino, conciso y preciso, difícilmente saldrán de nuestra memoria.

Reseñas del libro Un viejo leyendo historias de amor

Estamos ante una novela que a todo el mundo le gusta con Un viejo que leía novelas de amor (Tusquets, Barcelona, 1997, 35° ed.): muy leída, editada, premiada, llevada al cine, y que la crítica también ha apreciado positivamente. Sin embargo, es una novela que presenta importantes carencias, de las que se habla muy poco y que aquí discutiremos.

Luis Sepúlveda es un viajero incansable, y su experiencia con los indios Shuar en la selva amazónica da origen a esta novela. Esto revela una profunda comprensión de la selva, así como de las costumbres y la visión del mundo de ese individuo. En realidad, ella es la gran protagonista del libro, y toda la historia se organiza a través de ella.

Un texto que tiene muchas características de una fábula es presentado aquí por el autor. Es un argumento ecológico a favor de la selva amazónica y, según la propuesta ideológica de la autora, se desarrollan sus personajes y aventuras. El protagonista es Antonio José Bolívar Proaño, un antiguo habitante de la pequeña ciudad costera de El Idilio, al borde de la selva. Se trata de un hombre que, como colono, viajó con su esposa a la selva, pero no pudo vivir en el difícil entorno de la misma: tenían hambre, temían muchas veces por sus hogares y sus vidas, y finalmente terminaron perdiendo a su esposa, víctima de una enfermedad tropical. Los Shuar los ayudaron cuando estaban desesperados, y enfrentados a una selva que no entendían.

Antonio, ahora viudo, vivió con los Shuar por un tiempo, donde aprendió a entender y respetar la selva. Se hace amigo de los Shuar (son como nosotros, pero no uno de nosotros, repiten), y ya no es el mismo hombre al volver al pueblo, sino un hombre más experimentado, más conocedor de la selva y más sabio, enriquecido por el contacto con la naturaleza y la gente que la conoce bien. Antonio se verá obligado a luchar contra un ocelote hembra que se ha vuelto loco y amenaza con atacar el pueblo, ya que es un hombre viejo. Viajará con un grupo de conocedores de la selva, a los que se unirá un hombre obeso, corrupto e incompetente, el alcalde del pueblo; pero terminará su viaje solo, enfrentándose al animal más peligroso de la jungla, sin querer luchar contra él, pero sin posibilidad de evitarlo.

Antonio es un personaje sorprendente: sólo puede escribir su nombre, y con dificultad, y sólo puede leerlo juntando las letras, aunque sea su único hobby desde hace años, desde la lectura de los cuentos románticos. A pesar de ello, lo hace con largos párrafos, frases complicadas y un vocabulario variado y preciso cuando habla, especialmente cuando habla de la selva. Antonio José Bolívar no habla de un pequeño pueblo perdido en la selva como un campesino, sino que habla de Luis Sepúlveda. En cambio, en el conocimiento de su territorio, es infalible (por cierto, sus interlocutores fracasan invariablemente en ese conocimiento), además de mostrarse como un hombre de admirable consistencia moral, y de una viril y austera frugalidad que impone respeto a los demás. Gary Stu* un hombre mayor, digamos

Por otro lado, toda la barbarie, ignorancia y arrogancia de lo que llamamos civilización está representada por los hombres de la ciudad. Ya sean los turistas gringos que se ponen a sí mismos y a otros en peligro, en su arrogancia infantil, o los brutales aventureros que destruyen la naturaleza y atacan a los indios de los que podrían haber aprendido, o el inepto alcalde, autoritario pero servil a los poderosos, que representa la estupidez burocrática. Los blancos, o los que vienen de la ciudad, siempre se encuentran frente a un entorno que no conocen, que no pueden entender, que sólo saben cómo reaccionar destruyéndolo, como los niños con escopetas.
De hecho, no es casualidad que la escopeta simbolice precisamente esto: la violencia brutal, ruidosa y destructiva del bruto que cree saberlo todo, el arma que nadie respeta y que, al final de la novela, es tratada por todas las criaturas como una bestia de metal no deseada. Una constante que empobrece la lectura y quita profundidad al texto, nos acerca al mundo de la predicación, este maniqueísmo de los indios y la naturaleza buena frente a los blancos y la ciudad mala: parece que Luis Sepúlveda quiere darnos una lección en lugar de actuar como un novelista.

Sin embargo, a pesar de todo, estamos frente a una novela: una novela de la selva, frente a la cual Sepúlveda se muestra como un verdadero artista. Su descripción de la jungla, y más aún, su incorporación a la historia como un personaje más que debe ser respetado y escuchado, es magistral en el dolor de caer víctima de su propia torpeza. El tratamiento de la jungla por el autor es magnífico, y tal vez sea porque no nos habla de ella: nos lleva a ella. Luis Sepúlveda respeta profundamente a los demás, a los Shuar y a las Amazonas, y nos lo muestra cuando habla de ella, sin las anteojeras de un hombre occidental, pero con la plena comprensión del hombre que vive en la naturaleza, y porque es su hogar, no tolera la falta de respeto a los demás.
Si te preguntas qué es Gary Stu, puedes comprobarlo aquí:

Esta novela corta (poco más de 130 páginas) me dejó un muy buen sabor de boca. Debo admitir que al principio esperaba una novela mucho más belicosa con un fondo crítico mucho más pronunciado al leer el prólogo. Sin embargo, en mi opinión, cuando leo la novela en sí, el componente crítico o de denuncia está bastante equilibrado con lo que podría llamarse homenaje. En las zonas naturales y selváticas de América Latina, denuncia la explotación de los seres humanos (en este caso por los gringos) y rinde homenaje a la naturaleza y a la lógica avasalladora con la que opera. Porque obviamente todo el mundo quiere que lo natural (es decir, ir en contra de la naturaleza) salte o ataque, la naturaleza responderá de una manera clara pero también muy lógica. Me atrevo a definir esta obra como una novela sobre la ecología.

Además de la historia que cuenta, la novela tiene una estructura muy simple, que es esencialmente la historia de un hombre que pasó de vivir en la civilización a vivir con una tribu Shuar en armonía y en total respeto por la naturaleza, en la que aprendió la lógica de la selva y de la que finalmente salió para volver a vivir en la Civilización en la que intenta sobrevivir mientras descubre una nueva.
En mi opinión, esta obra puede considerarse una novela de transición, ya que la lectura del texto no requiere mucha participación y sin tener que estar muy involucrado en el libro, es una lectura muy agradable. Este aspecto se debe también a la corta longitud del libro, que es otro mérito del autor Luis Sepúlveda, ya que es muy difícil encontrar la longitud exacta de cada libro de cuentos en mi opinión, y en este caso, Sepúlveda lo ha logrado.
Puedo recomendar la lectura de esta novela, sin temor alguno, a cualquiera que se interese por el tema de la Amazonia o por el respeto a la naturaleza, o quizás que quiera un entretenimiento que no requiera mucho tiempo y que sea de una calidad más que razonable.

Comentarios de los lectores del libro Un anciano que lee novelas de amor

Este es un gran libro sobre un anciano que lee historias de amor. Hay autores que dan vueltas y vueltas a la trama, con el fin de describir un momento o un lugar, y el momento y el lugar son finalmente desfigurados, perdidos entre cientos de palabras. Ese no es el caso aquí. Sepúlveda tuvo la habilidad, el don, de combinar toda la belleza, así como la cruda realidad, de la vida a orillas de la selva amazónica en ciento treinta y pico de páginas. El color con el que describe la vida en todos sus sentidos es lujuriosamente agradable, a veces con colores desgarradores, a veces con los colores de la pasión y la esperanza. Acabo de encontrar un excelente relato de este autor, que a veces me remite a las lecturas del gran José Mauro de Vasconcelos y su Kuryala: el Capitán y Caraja, la dura Arara Vermelha y el terrible mundo de los Garimpeiros.

Autor del comentario: Comentario de OSCAR3266:
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Agradable y sorprendente, un anciano que lee novelas de amor, una historia que no deja a nadie indiferente al lector. La corta longitud de la historia (sólo 137 páginas) hace que sea fácil de leer y accesible para todos, al tiempo que ayuda a concienciar sobre la importancia de proteger nuestro planeta y el entorno local en el que vivimos. Luis Sepúlveda ya me era conocido por la historia anterior que había leído. La duración de la novela, como en aquella ocasión,

también me impide hacer un análisis de la forma en que fue escrita. Sepúlveda me parece, sin embargo, y con la poca información que tengo, ser un buen escritor, con una prosa lírica y unas descripciones tan portentosas que al leerla te sientes como si estuvieras en la selva amazónica. Los principales defectos que veo en él son el lenguaje, difícil de entender para alguien que no está acostumbrado a ese dialecto, y las divagaciones que el autor sigue, a veces, haciendo la historia repetitiva y un poco pesada. Un anciano que usted conoce,

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